¿Por qué hace falta?

Imagina que eres un adolescente, con tus inquietudes, amigos y sueños. Imagina que bombardean tu escuela un día, que ves morir a tu familia, que tienes que pagar con los ahorros de tus tíos a una mafia para que te suba a un bote que te lleve a otro país que no comparte tu cultura. Imagina que el bote se hunde y estás a punto de morir, que te rescatan unos voluntarios en barca. Que al llegar a la costa te dan una manta y un bocadillo. Imagina que todo parece haber salido bien.

No.

Imagina que con esa manta te llevan a un terreno alambrado con 200 tiendas de campaña para 800 personas. Imagina como están los baños que todos usan. Imagina no saber cuanto tiempo vas a estar allí. Las promesas de que tus papeles se están arreglando para llegar a Alemania. Promesas de que irás en dos meses. A la semana, se alarga a tres meses y luego a seis. Sin nada que hacer que simplemente aguantar bajo el sol, entre basura y militares.

Bienvenido a un campo de refugiados.

Jóvenes adolescentes que han llegado solos, mujeres que no pueden salir de las tiendas de campañas y escolares que ya no tienen escuela. Estos tres colectivos necesitan un ancla al mundo real. Los campos disponen de tres comidas diarias y un techo que no protege del calor en verano (y mucho menos del frío cuando llegue el invierno). Existen a su vez organizaciones que se dedican a la burocracia. A tramitar el papeleo necesario para que todos ellos salgan de Grecia y lleguen donde sueñan.

Pero eso, los militares y la burocracia, es el único contacto con Europa que tienen. Asociaciones como EREC (Acció Solidària i Logística) o School of Refugees o Where is the life? son tan importantes por eso mismo. Somos su vínculo con la humanidad. En nuestro caso les enseñamos inglés para que allá donde vayan de Europa, puedan al menos comenzar a comunicarse. También les entretenemos con jugos, dinámicas de equipo y ahora, en breve, un taller ocupacional donde desarrollarán su propio espacio dentro del campo. Construido con sus manos y su fuerza. Serán capaces de crear algo, su sitio. Por fin, podrán conquistar un pedazo de tierra.

Y las mujeres. Son muchas las que quieren aprender inglés, comunicarse en una nueva lengua que les ayude allá donde les lleve su viaje. Pero no solo eso. Esas mujeres curiosas y en confianza hablan con las voluntarias sobre el nuevo estilo de vida que les espera. Se relajan dentro del campo, se pueden expresar y empoderar.

¿Dónde está la vida? este nombre lo pusieron ellos, los jóvenes. Que gran pregunta que esperamos, puedan responder pronto.

whereisthelife003

 

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