El proyecto coge forma

Parte de taller, parte de distracción pero sobretodo, de conseguir un pequeño lugar. Aunque sea temporal.

El objetivo es que los jóvenes del campamento de Lagkadika levanten una pequeña sala polivalente que servirá de biblioteca, aula, sala de reunión. Allí no tienen más que unas tiendas de campaña mal pertrechadas pero con su esfuerzo, lo están levantando.

 

 

¡Puedes ayudarnos a conseguir los cinco módulos a los que aspiramos!

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Una enfermera en Grecia

Una voluntaria y trabajadora del proyecto es enfermera en España. Ayer, por desgracia, hubo una emergencia y dada la nula capacidad de la gestión del campo fueron los propios voluntarios los que tuvieron que llevarla al hospital.

Impactada tras la experiencia, necesitó escribir la carta reproducida a continuación.

El original, en catalán, se encuentra más abajo.

Puedes leer la visión de lo que pasó desde los ojos del voluntario que hizo de conductor en: Intrepidsdelmon

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La carta

Lagkadikia, campo de refugiados griego, 6 de agosto de 2016.

Durante estos días he hablado como profesora sin haber hecho ni una sola clase de magisterio, he hablado como pintora de paredes sin tener ni idea. Pero hoy el conflicto ha llegado a mi terreno y tengo muchas cosas que decir.

Este mediodía, sentados en el bar del pueblo, se nos ha acercado una pareja que conocemos del campo y nos ha pedido ayuda, pues a ella le dolía el pecho y le costaba respirar.

Rápidamente, y tras las preguntas pertinentes, la hemos llevado el coche hasta el campo, donde existe un pequeño espacio precariamente denominado “enfermería”

-No, no se puede pasar dentro en coche.

– Pero llevamos una mujer enferma a  la enfermería, no puede hacer esfuerzos.

-No, no se puede pasar dentro en coche.

Vale, pues vamos andando hasta la enfermería, y luego volvemos, porque resulta que en el campo no existe la atención sanitaria 24h, sino que a las tres del mediodía, allí no queda nadie.

Cogemos el coche y vamos directos a Tesalónica, la ciudad importante de la zona, llamando durante el trayecto al 112 para que nos digan a qué hospital público hemos ir. Un trayecto habitual de 40 minutos, Bernat, mi compañero de viaje, lo ha hecho con 25. Gracias Bernat.

Llegamos al hospital y pienso: bueno, ya está, todo arreglado, ya estamos en un hospital público de un país europeo, a partir de ahora todo será como en casa.

Que ingenua soy a veces.

Si el transporte público es un desastre, si la poca policía que ves es fácilmente sobornada, si el precio de la Coca-Cola en el bar de cada día es diferente dependiendo de quién te encuentres al otro lado de la barra, ¿qué me hacía pensar que un hospital griego sería como los que estoy acostumbrada?

Entro en el hospital y de golpe me siento transportada en el tiempo hace 50 años o en el espacio hacia un país de los incorrectamente denominados tercer mundo.

Me acerco a la recepción de urgencias y explico:

– Hola, soy enfermera en España y vengo con una mujer con un posible cuadro coronario: dolor torácico, irradiado a brazo y espalda, sudoración intensa y disnea.

Después de un electrocardiograma (de procedimiento cuestionable) ha comenzado una espera para conseguir una analítica y un análisis de orina. Una espera aún mayor por los resultados.

Sobre todo tengo unas cuantas cosas a pedir, desde mi poca experiencia como enfermera recién graduada:

Por favor, cuando llegue un paciente con dolor torácico, ponedle una vía.

Por favor, no haga que sea el acompañante quien os diga que con un dolor torácico, si debemos recorrer el hospital, necesitamos una silla de ruedas, aunque sea esta una tan destartalada como la que nos habéis conseguido.

Por favor, todos con calzado cerrado, no quiero verte los dedos del pies con esta manicura tanto bien puesta.

Por favor, no haga que sea el acompañante (esta vez por qué se ha encontrado una enfermera) quien explique al enfermo como se debe tomar una muestra de orina.

Por favor, no deje que la gente que fume dentro del hospital.

Por favor, no deis los informes, peticiones y radiografías en papel al enfermo por qué sea él quien lo pasee arriba y abajo por los pasillos, sabiendo que si lo necesitan gestionar en el futuro, vosotros posiblemente los perdáis.

Por favor, pongan etiquetas a las muestras que le damos, y a ser posible, no haga que las tengamos que llevar nosotros al laboratorio para una vez allí dejarlas sobre una mesa en medio de un montón más de muestras sin identificar.

Por favor, si conoce la realidad de la situación que vive su país, ¿por qué no tiene un traductor inglés-griego? Hay desplazados que llevan dentro de un año y ya dominan el inglés.

Por favor, por favor, por favor… y una larga serie de demandas.

Sin embargo, no puedo dejar de estar agradecida por la atención gratuita que hemos recibido.

Esta mujer tiene una historia (que como hemos pasado tantas horas en la sala de espera me ha explicado): violencia machista durante años a ella y a sus hijos, un viaje de huida muy duro, malas experiencias con la policía fronteriza y actualmente un año y medio en Grecia, pasando por diferentes campos, como si fueran piezas de un puzle que no saben cómo completar.

 No obstante, mañana en el hospital habrá otra persona con otra historia, tanto similar y tan diferente a la del resto de miles de personas que han llegado hasta Grecia.

Esta carta no tiene la intención de denunciar la atención recibida en esta ocasión, ni explicar cómo ha terminado este caso, sino denunciar el estado de la sanidad a la que los desplazados deben recurrir en caso de necesidad. Un país así no es el indicado para acoger estas personas que huyen del horror. Por favor, es muy sencillo: Abran las fronteras, dejemos respirar a un país que ya ha sido muy castigado.

 


 

La carta

A Lagkadikia, camp de refugiats Grec,  6 d’agost de 2016.

Durant  aquests  dies  he  parlat  com  a  professora  sense  haver  fet  mai  ni  una  sola
classe de magisteri, he parlat com a pintora de parets sense  tenir‐ne ni idea, però
avui el conflicte ha arribat al meu terreny i tinc moltes coses a dir.
Aquest migdia, asseguts al bar del poble, se’ns ha acostat una parella que coneixem
del camp i ens ha demanat ajuda, doncs a ella li feia mal al pit i li costava respirar.
Ràpidament,  i  després  de  les  preguntes  pertinents,  l’hem  portat  al  cotxe  fins  al
camp, per què hi ha un petit espai precàriament denominat “infermeria”

‐ No, no es pot passar a dins amb cotxe.  
– Però portem una dona malalta a la infermeria, no pot fer esforços. 
‐ No, no es pot passar a dins amb cotxe.  

D’acord,  doncs  anem  caminant  fins  la  infermeria,  i  després  en  tornem,  per  què
resulta  que  al  camp  no  existeix  l’atenció  sanitària  24h,  sinó  que  a  les  tres  del
migdia allà no hi queda ningú.

Agafem  el  cotxe  i  anem  directes  a  Thessaloniki,  la  ciutat  important  de  la  zona,
trucant  durant  el  trajecte  al  112  per  què  ens  diguin  a  quin  hospital  públic  hem
d’anar.  Un  trajecte  habitual  de  40  minuts,  en  Bernat,  el  meu  company  de  viatge,
l’ha fet amb 25. Gràcies Bernat.

Arribem  a  l’hospital  i  penso:  bé,  ja  està,  tot  arreglat,  ja  som  a  un  hospital  públic
d’un país europeu, a partir d’ara tot serà com a casa. Que  ingènua sóc de vegades.
Si  el  transport  públic  és  un  desastre,  si  la  poca  policia  que  veus  és  fàcilment
subornada,  si  el preu de  la cocacola al bar  cada dia és diferent depenent de qui et
trobis  a  l’altre  banda  de  la  barra,  què  m’havia  de  fer  pensar  que  un  hospital  grec
seria com els que estic acostumada?
Entro a l’hospital i de cop em sento transportada en el temps fa 50 anys o en l’espai
cap a un país dels incorrectament denominats tercer món.
M’acosto  a   la  recepció d’urgències  i  explico: hola, sóc  infermera a Espanya  i  vinc
amb  una  dona  amb  un  possible  quadre  coronari  (dolor  toràcic,  irradiat  a  braç  i
esquena, sudoració intensa i dispnea).
Després d’un electrocardiograma (de procediment qüestionable) ha començat una
espera per aconseguir una analítica  i un anàlisi d’orina  i una espera encara major
per els resultats.

Sobre  tot  plegat  tinc  unes  quantes  coses  a  demanar,  des  de  la  meva  poca
experiència com a infermera acabada de graduar:

‐ Si us plau, quan arribi un pacient amb dolor toràcic, poseu‐li una via.
‐ Si us plau, no feu que sigui l’acompanyant qui us digui que amb un dolor toràcic si
hem de recorre l’hospital necessitem una cadira de rodes, encara que sigui aquesta
tant atrotinada que ens heu aconseguit.
‐ Si us plau, tothom amb calçat tancat, no vull veure’t els dits del peus amb aquesta
manicura tant ben trobada.
 Si us plau, no feu que sigui l’acompanyant (aquest cop per què us heu trobat una
infermera) qui expliqui al malalt com s’ha d’agafar una mostra d’orina.

 -Si us plau, no deixeu que la gent que fumi a dins l’hospital.
Si us plau, no doneu els informes, peticions i radiografies a paper al malalt per què
sigui  ell  qui  ho  passegi  amunt  i  avall  dels  passadissos,  sabent  que  si  ho  heu  de
gestionar vosaltres possiblement els perdeu.
‐ Si us plau, poseu etiquetes a les mostres que us donem, i si de pot ser, no feu que
les  haguem  de  portar  nosaltres  al  laboratori  per  un  cop  allà  fer‐nos  deixar‐les  a
sobre la taula enmig de un pila més de mostres sense identificar.
‐ Si us plau,  si coneixeu la realitat de la situació que viu el vostre país,  per què no
teniu  un  traductor  anglès‐grec?  Hi  ha  desplaçats  que  porten  aquí  un  any  i  ja  el
dominen.

‐ Si us plau, Si us plau, Si us plau… i un llarg seguit de demandes.

Malgrat tot, no puc deixar d’estar agraïda per l’atenció gratuïta que hem rebut.

Aquesta  dona  té  una  història  (que  com  que  hem  passat  tantes  hores  a  la  sala
d’espera  m’ha  explicat):  violència  masclista  durant  anys  a  ella  i  a  seus  fills,  un
viatge  de  fugida  molt  dur,  males  experiències  amb  la  policia  fronterera  i
actualment un any  i mig a Grècia, anant voltant per diferents camps, com si fossin
peces  d’un  puzzle  que  no  saben  com  completar.  No  obstant,    demà  a  l’hospital  hi
haurà una altre persona amb una altre història, tant similar i tant diferent a la de la
resta de milers de persones que han arribat fins a Grècia.

Aquesta carta no té la intensió de denunciar l’atenció rebuda en aquesta ocasió, ni 
explicar com ha acabat aquest cas, sinó  l’estat de  la sanitat a  la que els  desplaçats 
han de recorre en cas de necessitat. Un país així no és l’indicat per acollir aquestes 
persones  que  fugen  de  l’horror.  Si  us  plau,  és  molt  senzill,  obriu  les  fronteres, 
deixem respirar un país que ja ha estat molt castigat.  

Haz tú lo que no haga el mundo

Es difícil motivar a un grupo de jóvenes que no tienen nada. El hilo que los sostiene es muy fino. Horas bajo el sol, en condiciones que deberían avergonzar a todos aquellos que han participado en su creación, quemando ese hilo.

Pero ese hilo, se puede hacer fuerte. Pasar de ser un simple número en las estadísticas sobre refugiados a ser un constructor, un artesano que, con sus propias manos, construye un espacio que ocupará un tiempo indeterminado (corto, esperamos todos) dentro de un campo de refugiados.

Ese es nuestro proyecto. Convertir el “gueto” dentro de lo que por sí, ya es un “gueto”, en un lugar digno donde aprender inglés, donde pelear por tener esperanza, donde expresarse, donde cantar y reír. Donde leer. Este el diseño, los materiales están en camino, pero necesitamos ayuda.

¿Los ayudas a levantarlo?¿Nos ayudas a conseguirlo?

Cualquier ayuda, será bien recibida:       ES26 3183 3500 2000 0109 5486

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Todo esto será levantado con los jóvenes que quieran trabajar en la creación de su propio espacio. El lugar destinado a la construcción será el espacio que se ve en la fotografía inferior. Algo maravilloso fue ver la reacción de los chavales tras proponerles la idea. Puedes ver el video aquí.

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Un espacio para ellos

¡Ayuda!

Los jóvenes del campo de Lagkadikia no disponen de un espacio propio donde estar, por ello se ha comenzado la planificación de un espacio dividido en módulos donde puedan estar protegidos del sol. Donde puedan aprender inglés en condiciones dignas y hablar cuando quieran distraerse. Quieren una biblioteca, pero ningún libro ha llegado aún. Y lo mejor es que ellos quieren construirlo, con sus manos.

Para ello necesitamos tu ayuda. Cualquier donativo será bien recibido e irá íntegramente para el proyecto:

ES26 3183 3500 2000 0109 5486

Difunde este mensaje tanto como puedas, pues entre todos, podemos hacer mucho bien.

El espacio que utilizan actualmente como punto de reunión para hablar, reír, cantar, expresarse o estudiar inglés es el siguiente:

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El toldo, mal colocado, es donde se protegen de un sol que llega a los 38 grados. Los charcos del lateral llegan de los lavabos comunes.

¿Por qué hace falta?

Imagina que eres un adolescente, con tus inquietudes, amigos y sueños. Imagina que bombardean tu escuela un día, que ves morir a tu familia, que tienes que pagar con los ahorros de tus tíos a una mafia para que te suba a un bote que te lleve a otro país que no comparte tu cultura. Imagina que el bote se hunde y estás a punto de morir, que te rescatan unos voluntarios en barca. Que al llegar a la costa te dan una manta y un bocadillo. Imagina que todo parece haber salido bien.

No.

Imagina que con esa manta te llevan a un terreno alambrado con 200 tiendas de campaña para 800 personas. Imagina como están los baños que todos usan. Imagina no saber cuanto tiempo vas a estar allí. Las promesas de que tus papeles se están arreglando para llegar a Alemania. Promesas de que irás en dos meses. A la semana, se alarga a tres meses y luego a seis. Sin nada que hacer que simplemente aguantar bajo el sol, entre basura y militares.

Bienvenido a un campo de refugiados.

Jóvenes adolescentes que han llegado solos, mujeres que no pueden salir de las tiendas de campañas y escolares que ya no tienen escuela. Estos tres colectivos necesitan un ancla al mundo real. Los campos disponen de tres comidas diarias y un techo que no protege del calor en verano (y mucho menos del frío cuando llegue el invierno). Existen a su vez organizaciones que se dedican a la burocracia. A tramitar el papeleo necesario para que todos ellos salgan de Grecia y lleguen donde sueñan.

Pero eso, los militares y la burocracia, es el único contacto con Europa que tienen. Asociaciones como EREC (Acció Solidària i Logística) o School of Refugees o Where is the life? son tan importantes por eso mismo. Somos su vínculo con la humanidad. En nuestro caso les enseñamos inglés para que allá donde vayan de Europa, puedan al menos comenzar a comunicarse. También les entretenemos con jugos, dinámicas de equipo y ahora, en breve, un taller ocupacional donde desarrollarán su propio espacio dentro del campo. Construido con sus manos y su fuerza. Serán capaces de crear algo, su sitio. Por fin, podrán conquistar un pedazo de tierra.

Y las mujeres. Son muchas las que quieren aprender inglés, comunicarse en una nueva lengua que les ayude allá donde les lleve su viaje. Pero no solo eso. Esas mujeres curiosas y en confianza hablan con las voluntarias sobre el nuevo estilo de vida que les espera. Se relajan dentro del campo, se pueden expresar y empoderar.

¿Dónde está la vida? este nombre lo pusieron ellos, los jóvenes. Que gran pregunta que esperamos, puedan responder pronto.

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